A quién seguir en Twitter

por Alicia Urrea

Última actualización: 26 02 2019

logo-twitter[1]

Ya hemos hablado en otras ocasiones de por qué merece la pena estar en Twitter y cómo utilizar nuestra cuenta correctamente. Hoy nos queremos detener en un tema que nos ha surgido estas semanas a raiz del trabajo con un cliente: La cuestión es estos días hemos estado dándole un repaso a la cuenta de Twitter este cliente y una de las tareas que en seguida nos han saltado a la palestra ha sido la necesidad de limpiar su lista de «following», es decir, limitar el número de personas a las que este cliente seguía que eran más de 800.

¿Por qué seguir a menos usuarios?

Cuando tu timeline está compuesto por aportaciones de 800 usuarios (o más) recibes un promedio de 20 tuits por minuto. Como community managers para una entidad o empresa no tenemos por qué estar al tanto de TODO lo que se publica en Internet, sino sólo conocer bien lo que se habla sobre nuestro área de expertise y para eso, con seguir a 100 usuarios bien escogidos tenemos más que de sobra. Con 100 o 150 usuarios podremos conocer lo que cuentan personas que tienen puntos de vista diferentes sobre nuestro área de trabajo; podremos conversar sobre temas que nos interesan como entidad y podremos aprender y aportar. Demasiados usuarios llevan a una sobredosis informativa e incapacidad para seguir a los que nos interesan y, como casi todos los excesos, este más que enriquecernos nos empobrece.

Además en el caso concreto del que hablamos, al abrir la cuenta se había empezado a seguir a todo aquel que nos seguía a nosotros con lo que se da la circunstancia de que muchos de los que conformaban este abultado número de personas a las que seguíamos llevaban inactivas meses o años, hablaban de temas estrictamente personales o bien eran community managers para otras entidades y hablaban de ese oficio más que de los temas que como entidad nos apetece conocer.

Como este error es muy común (nosotros lo cometimos también cuando empezamos con las redes), os contamos lo que hemos aprendido: las empresas y organizaciones, en redes sociales, no tienen que funcionar como lo hacemos las personas en la vida real. Es decir: no tenemos que ser amigos de quien es amigo nuestro. En este sentido, las redes no funcionan como un intercambio uno a uno, sino como una cadena: yo sigo a las personas que aportan a mi tema; a mí me siguen personas que están interesadas en mi tema pero no solo, y así formando una cadena de valor.

¿Qué criterios seguir?

A la hora de ponernos manos a la obra decidimos utilizar esta herramienta en su versión gratuita, que saca un listado de las personas a las que estás siguiendo, la fecha de su último post, su biografía, el número de personas que siguen y que les siguen, su prestigio en Klout y otras cuantas cosas más. Nos fijamos los siguientes criterios:

  • Que el usuario al que seguimos tuviera alguna actividad en los últimos 30 días. Excepcionalmente hemos ignorado este criterio si se trata de alguien que nos interesa especialmente, pero solo con esto ya nos hemos quitado de la lista cerca de 200 cuentas
  • Que las personas a las que seguimos hablen del tema que a nuestro cliente le interesa. Es decir, eliminamos todas las cuentas:
    • abiertas fundamentalmente para tratar temas personales
    • que tratan demasiados temas diferentes (por ejemplo: cocina, decoración y vida en general)
    • que podrían ser interesantes por el perfil de los usuarios que las llevan pero cuyos últimos 20 posts son demasiado dispersos.
  • De usuarios que tienen muchos followers pero no siguen prácticamente a nadie, o bien aquellas que tienen tantos followers como following: siguen a todo el que les sigue a ellos. Es decir, son cuentas que van publicando las últimas noticias que sacan en su web o en su blog de forma automática. Esto no es necesariamente malo de por sí, pero tienen que ser contenidos que nos interesen mucho. Si no es así, preferimos sacarlos de twitter y seguirlos mediante otras vías, como por ejemplo newsletter o similar en las que la información está seleccionada y clasificada y no en formato titular.
  • Aquellas cuentas que publican como norma más de quince posts al día sin que haya una conversación, evento o causa justificada de por medio. Son cuentas que tienden a inundar el timeline sin preocuparse mucho de lo que a los lectores les interesa leer.

Estos han sido los que hemos dejado de seguir de forma más o menos automática, casi sin entrar a ver qué es lo último que han publicado puesto que ya sabíamos de antemano que no le aportaban mucho valor a nuestro cliente.

Después hemos dejado de seguir adicionalmente a otros cuantos que también nos han parecido prescindibles. En concreto:

  • Los que solo publican las ofertas de sus tiendas online
  • Los que repiten una y otra vez que tienen un blog que te merece la pena seguir
  • Los que todos los días dicen «Buenos días», «Buenas tardes» y «Buenas noches» y los que agradecen continuamente a sus nuevos followers que les hayan empezado a seguir. El ruido que aportan es demasiado esfuerzo comparado con el valor que aportan.

No teníamos un objetivo numérico preestablecido, pero hemos terminado reduciendo la lista de personas a las que seguimos a la mitad, solo en esta primera fase. Esto ha hecho que nuestro trabajo sea mucho más sencillo y seamos capaces de aportar a la conversación mejor con mucho menos esfuerzo. En resumen: ha sido laborioso pero ha merecido la pena.

Ya sabemos a quién no seguís, pero ¿a quién sí?

ATENCIÓN: Importante. Estas notas son para cuentas de organizaciones, profesionales y empresas. Si tienes una cuenta personal, es para hacer con ella lo que quieras.

El ejercicio también nos ha ayudado a componer una fórmula metal más o menos clara de lo que debe ser una cuenta de Twitter llevada por una organización o empresa. Las cuentas que nos gustan y que nos aportan valor son aquellas que:

  • Se actualizan con cierta frecuencia. Depende del perfil y del tipo de contenidos que difunda pero como mínimo una o dos veces por semana. El máximo, si es valioso (contenido propio, de actualidad o de interés en general) es muy variable.
  • Ha completado correctamente su perfil: foto, frase descriptiva y demás. Con estos dos elementos es capaz de transmitir cuáles son los principales temas de los que habla y por qué deberíamos seguirle.
  • Después cumple esa promesa que ha hecho en su declaración de intenciones y no se va por los cerros de Úbeda hablando de temas que no le encajan con su perfil profesional a no ser que haya una justificación clara para ello.
  • Se relaciona. Es decir, no usa Twitter como un tablón de anuncios para dar a conocer sus productos o servicios ÚNICAMENTE. Es decir, responde cuando se le menciona, retuitea, recomienda cosas de otros… Finalmente, aquellos que participan en la conversación y no que simplemente utilizan las redes como un altavoz sin orejas más al que asomarse.
  • Y último y más importante, que aporta valor: ya sea porque difunde contenidos propios originales, cuidados y trabajados o bien porque retuitea cosas que ha leído previamente y no sólo aquellas que tienen un titular atractivo pero nada detrás, que de esas cada vez encontramos más.

Es costoso trabajar así, claro. Hacer una cuenta de Twitter que merezca la pena seguir lleva tiempo, esfuerzo y cariño pero ya que nos embarcamos en llevar el twitter de nuestra organización, hagamos las cosas bien, ¿no?

¡Consíguela ahora!

Plantilla para el seguimiento de tu canal de Twitter
Plantilla para el seguimiento mensual de Twitter













Alicia Urrea
Mecánica general

2 Comentarios

  1. Jaume Albaigès dice:

    Felicidades por el artículo y por compartir vuestros aprendizajes. Me permito aportar algún elemento de debate.

    Detecto una cierta contradicción entre eliminar cuentas seguidas con muchos followers y pocos following y, al mismo tiempo, decidir que uno (vuestra ong cliente) no debe seguir a más de 100 o 150 cuentas. Teniendo claro que, misionalmente hablando, el número de followers per se no es un indicador de impacto de nada, sí es cierto que por lo menos apunta a que la gente tiene un cierto interés por aquello que decimos en Twitter. Por lo tanto, a poco que siga bien vuestros sabios consejos en gestión de medios sociales, la ong se encontrará fácilmente en esa situación de tener varios miles de followers y con un poco más de un centenar de following. ¿Significa eso que otras cuentas deberán dejar de seguir a la ong sólo por esta razón? No creo, ¿no? 🙂 Así pues, yo apostaría claramente por ser selectivo en decidir a quién seguimos (y ahí las listas deberíamos usarlas más para segmentar y priorizar), pero nunca vería nada malo en tener muchos seguidores… ni en que otros los tuvieran. Al final el valor viene de la conversación, del intercambio, de la aportación de valor, etc. y hasta cierto punto eso tiene poca relación con los números.

    Algo parecido sucede con seguir o dejar de seguir a gente que no tuitea a menudo. Esas cuentas no afectan a nuestro timeline, no meten ruido. Las que sí lo hacen son las que, como bien decís, tuitean sin parar, básicamente porque, aunque se concentren en su tema, poco filtrado de contenidos hacen y por lo tanto obligan a hacerlo a sus seguidores, con lo que dejan de tener interés.

  2. Alicia dice:

    Hola Jaume,

    Creo que nos hemos explicado mal. Lo que queríamos contar (sin demasiado éxito, parece, en el artículo) es que:

    — Cuentas que siguen al mismo número de usuarios que les siguen a ellos (2000 por ejemplo en cada caso), tienen una posibilidad muy alta de usar la cuenta como puros emisores y nunca como receptores. No siempre es así, y quizá hemos sido demasiado vehementes al afirmar que es así, pero en nuestra experiencia, se trata de un porcentaje alto. En nuestro caso, revisamos generalmente estas cuentas y vemos si realmente utilizan su Twitter como un canal de distribución de contenidos o de comunicación con el resto del universo tuitero. En el primer caso, nos suscribimos a su rss y le dejamos de seguir vía Twitter.

    — Cuentas muy seguidas (con muchos fans) posiblemente lo son porque tienen algo interesante que contar. La recomendación es convertirse en una de ellas si se puede y en cualquier caso, si son de nuestro sector y nos interesan, seguirlas.

    En nuestro caso, dejar de seguir a la gente que no tuitea tenía una razón de ser: queríamos poder ver la lista de personas a las que seguimos y que sea un grupo más o menos consistente. Es mucho más sencillo si quitamos a aquellos que no utilizan twitter ya o que tuitean poco o nada. En cualquier caso la idea es: no hace falta «devolver» el follow. Si te siguen, bien, hay que tomarlo como un indicador de que lo estamos haciendo bien y que estamos aportando valor.

Deja tu comentario

Los campos con * son obligatorios