El personal externo o la consultoría en la gestión de redes sociales
Hace unos días leí este artículo en un blog interesante que seguimos en SocialCo. El artículo se llama ¿Debo subcontratar mi equipo para redes sociales? Y la conclusión a la que llega el autor del post es NO, afirmación con la que no estoy en absoluto de acuerdo. Lo más curioso es que sí lo estoy con la mayoría de las razones que Nicolás Vega da para justificar la conclusión, por lo que me he decidido a alimentar el debate ya que, desde mi punto de vista, lo más importante no es el QUIÉN, sino el CÓMO, y ese cómo depende a su vez de quién esté en mejores condiciones de llevarlo a cabo.
Analicemos punto por punto sus cinco primeras afirmaciones.
- “Un equipo social media es un equipo de comunicación que se desenvuelve en el ámbito de las redes sociales, no un equipo de expertos en tecnología Web”. Totalmente de acuerdo. Por ello, sea un equipo interno o externo, se debe elegir a un equipo con las adecuadas competencias y conocimientos en comunicación. Es decir, para mi esta afirmación no conduce necesariamente a la conclusión de que se necesita un equipo interno, sino de que se necesita uno o varios profesionales de la comunicación. Ni el informático interno ni una consultora tecnología son los perfiles adecuados para gestionar las redes sociales de una organización.
- La base del éxito en las redes sociales está en la personalidad de la marca y la personalidad no se subcontrata. Nicolás Vega habla de la personalidad que se construye y se expresa cada día a través del diálogo en redes sociales. Una vez más, de acuerdo en la gran verdad y la importancia que encierra esta afirmación. Pero, una vez más también, ni el que sea un equipo interno ni el que sea externo tienen por qué ser determinantes en este punto. Por ejemplo, hemos visto muchos ejemplos de cómo la personalidad de una organización en redes se deja en manos de una sola persona, que imprime a lo que hace y dice su propio estilo y su propia forma de ser, es decir, sin que otras áreas de la organización (a veces ni siquiera el propio área de comunicación) participen, conozcan o analicen qué se está transmitiendo a través de estos canales. Por ello, la clave es estudiar, planificar, meditar… cuál es está personalidad en función de la realidad y la cultura de la propia organización y de las de los públicos con los que esté interactuando. Y, después, conseguir que exista un acuerdo en los atributos y valores de fondo que tienen que estar presentes en esta forma de comunicar, y que todas las personas que participen de las redes – sean de un equipo interno o externo – sean coherentes con ellos.
- La naturaleza de la comunicación en las redes sociales está en la capacidad de interactuar en tiempo real. ¿Qué hace suponer que un equipo externo no puede interactuar en tiempo real? Para poder hacerlo, la persona o el equipo – interno o externo – que gestione las redes tiene que tener el suficiente conocimiento (de la entidad, de los temas que le ocupan, de la situación, del funcionamiento de las redes…) y será esto lo que le lleve a poder interactuar en nombre de la organización, no su posición en la misma. Si de lo que estamos hablando es de “situaciones excepcionales” (por ejemplo, en las que pueda peligrar la imagen o reputación de la organización), en estos casos lo más común es que ni siquiera la decisión de respuesta a nivel interno sea inmediata, sino que necesite una cierta discusión y reflexión entre varios niveles de la organización. Por ello, un buen conocimiento del funcionamiento y la naturaleza de las redes sociales, que nos permita una rápida respuesta inicial a la espera de la toma de una decisión más meditada, resulta fundamental. Es más, muchas veces esta capacidad de respuesta en tiempo real se ha de producir en horarios difíciles (tardes, noches, puentes, fines de semana) y, en este sentido, contar con un equipo que, no solo por la implicación personal que pueda llegar a desarrollar, sino también por las condiciones del contrato, está obligado a una vigilancia permanente de las redes, puede ser la mejor de las garantías.
- Un equipo social media es un musculo que se va fortaleciendo poco a poco, tenerlo por fuera le hará mucho más difícil apropiar el conocimiento y la experiencia que de ahora en adelante necesitará. Sin duda, es fundamental. El conocimiento y la experiencia generados a través de la conversación en redes sociales tienen que ser compartidos, analizados, aprovechados por toda la organización. Pero la realidad es que en la mayoría de las pequeñas o medianas entidades que se han lanzado a las redes sociales, este conocimiento se “queda” en el responsable de comunicación, en la persona que directamente maneja las redes o, con suerte, en las personas que formen el área de comunicación. Por ello, la clave no es quién lo ejecute, sino disponer de mecanismos de retroalimentación, diálogo, análisis y puesta en común. Es decir, asegurarse de, lleve quien lleve las redes sociales, el resto del equipo no queda al margen: repartiendo papeles (por ejemplo, el responsable último, normalmente el responsable de comunicación de la entidad, aunque no sea él quien “ejecute”, siempre ha de permanecer alerta y vigilante), creando cuadros de mando y seguimiento, estableciendo reuniones periódicas de puesta en común…
- ¿Le preocupa la crisis de reputación? En este punto, Nicolás Vega incluye un razonamiento muy similar al del punto tercero y, por tanto, mi “contraargumento” es bastante similar también al ya esgrimido. El autor concluye el post “si su compañía está cruda o inmadura en el tema y por el contrario su marca es madura y demanda a gritos un equipo social media. Subcontratelo por un tiempo con una agencia especializada, aprenda las bases…” y creo que esta es realmente una de las claves para decidir sobre si subcontratar o no la gestión de las redes sociales: quizás, como muchos piensan, cualquiera puede ser community manager de su organización (siempre y cuando tenga el conocimiento, la autonomía y la capacidad de decisión suficientes), pero solo si también conoce y comprende la función, finalidad, funcionamiento de las redes sociales. Me parece una buena solución dejarse guiar y acompañar en un estado inicial y, después, ir invirtiendo los papeles hasta asumirlo completamente a nivel interno, si el equipo ya posee las competencias adecuadas.
Lo que nos hemos encontrado muchas veces, al menos en el mundo de las ONG, es que la función de responsable de redes sociales se ha creado respondiendo a la iniciativa de una o varias personas (normalmente del área de comunicación), que se han lanzado a la aventura para “probar” y porque “hay que estar”. El tono, estilo, frecuencia, los contenidos, el a quién dirigirse… han ido surgiendo por el camino. No se realiza ningún tipo de medición. No hay ningún tipo de retroalimentación hacia el resto de áreas de la entidad. La dedicación varía en función de las “otras” prioridades internas. Y, además, después, si la persona cambia (deja de trabajar en la entidad, se coge una baja, se cansa…) la estrategia en redes también se interrumpe. Por todo ello, creo que lo fundamental no es que se trate de un equipo interno o externo sino que, sea cuál sea este equipo:
- Se analice bien la necesidad de pertenecer a las redes, el por qué, el a quién y el cómo se van a plasmar la personalidad corporativa.
- Se establezcan mecanismos de análisis y seguimiento para comprender qué está pasando y por qué, así como para extraer el rico conocimiento que la conversación con los públicos nos puede dar.
- Se habiliten métodos para retroalimentar y hacer circular este conocimiento.
Quizás podría dedicar un post completo a defender la figura del consultor en la gestión de redes sociales pero, en cualquier caso, este post no quedaría completo sin concluir, como mínimo, con:
1. La vinculación de resultados a la contratación: se pueden establecer clausulas de dedicación, de tiempos de respuesta… de todo aquello que ambas partes estén dispuestas a comprometer.






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